Lucas 9,11b-17
La solemnidad de Corpus Christi que celebramos este domingo se enmarca dentro del tiempo ordinario, fue instituida el 8 de septiembre de 1264 por el Papa Urbano IV, mediante la bula Transiturus hoc mundo. Antes se celebraba en día jueves, pero desde hace algunos años las conferencias episcopales de Latinoamérica han trasladado esta fiesta hacia el domingo después del jueves de Corpus.
La liturgia nos propone el texto conocido como “La multiplicación de los panes”, a continuación profundicemos en este segmento del Evangelio para descubrir sus significados profundos:
Se afirma que Jesús acogía a la gente, les hablaba del Reino de Dios y curaba a los enfermos. Jesús se constituye en esperanza que acoge a los desposeídos a manos del poder romano, es Buena Noticia en medio de muchas y prolongadas noticias malas para los excluidos. Esa acogida es signo patente del Reino de Dios del que Jesús les hablaba, un Reino que se construye aquí y ahora porque ya ha llegado a nosotros, la curación de los enfermos es signo de esa presencia salvadora.
El texto afirma, pues, que la gente está en aquel lugar retirado muy a gusto con Jesús, pero se ha acercado la hora de partir, el día va cayendo y las tinieblas asechan. Los apóstoles invitan a Jesús a despedir la gente, éstos deben movilizarse para conseguir qué comer y dónde alojarse. El relato toma un giro impresionante, hasta acá Jesús no ha intervenido activamente en el texto, cuando lo hace pone en jaque a sus apóstoles, les dice: “Dénles ustedes de comer”. Con ellos, los apóstoles no tienen más que cinco panes y dos pescados y ante lo limitado de los recursos optan por ofrecerse a ir en búsqueda de los necesitados alimentos, pero ¿De dónde saldrá el dinero para comprar?, nada será suficiente, hay como cinco mil hombres en aquel lugar.
Es irreal cualquier intento de cumplir lo que Jesús les pide, con sus propias fuerzas no lo lograrán; sabiendo Jesús que los ha llevado al límite de sus capacidades, les ordena que sienten a la muchedumbre en grupos de cincuenta y ellos lo hicieron así. Cincuenta, en el lenguaje bíblico, es signo de bendición total, de presencia sobre abundante de Dios: 7x7= 49 +1, que es el día en que se alaba solemnemente a Dios por su bondad.
A continuación, Jesús realizó cuatro acciones: tomó los cinco panes y los dos peces, levantando los ojos al cielo pronunció sobre ellos la bendición, los partió y los iba dando a los discípulos para que los fueran sirviendo a la gente. Es preciso destacar que Jesús no hace un milagro extraordinario, más allá de lo inexplicable, todo lo contrario, sólo bendijo y partió, ambos verbos revelan la acción extraordinaria de Dios que se hace presente en el ordinario “sálvese quien pueda” de nuestro mundo desigual en todas sus épocas. El texto reitera: comieron todos hasta saciarse y se llenaron doce canastas con los trozos sobrantes.
El milagro de Jesús no consiste en la manipulación de la naturaleza, sino en el bendecir las carencias para partir los recursos limitados y generar solidaridad. Este texto extremadamente simbólico revela a través de su narrativa una teología más milagrosa y portentosa que la aparentemente contenida: Jesús suscitó la solidaridad. El verbo partió va más allá del simple hecho de partir en pedazos minúsculos lo que no puede saciar a la muchedumbre. Fue la solidaridad lo que hizo que Jesús multiplicara los panes y que todos, compartiendo lo poco que tenían, pudiesen compartir una suculenta comida, no sólo anticipo del Reino futuro, sino presencia plena del Reino de Dios en la Tierra.
Ante el hambre de muchos, nosotros, como los apóstoles, deseamos multiplicar los panes, pero nos vemos limitados y frustrados, los que aguantan hambre son bastantes y cuantificables los que fallecen por esta causa. Sólo en el partir encontramos la solución, primero, partiendo nosotros lo que somos y tenemos con aquellos que están hambrientos; segundo, comprometiéndonos a realizar un cambio sistémico para que a nadie le falte el pan y todos tengan suficientes panes y peces para quedar hartos de salud, educación y vida plena; tercero, este texto nos deja ver qué es y debe ser el Corpus Christi, qué significa que Jesús camine por nuestras calles y qué significa que se halla partido y compartido, ejemplo que estamos llamados a seguir. ¿Quién saciará el hambre de los miserables de El Salvador? ¿Quién saciará el hambre de los afectos de la tormenta Ágatha? ¿Quién saciará el deseo de sueños de libertad de los colombianos contrarios al proyecto de la U? Nosotros, ese es nuestro compromiso.
viernes, 4 de junio de 2010
sábado, 29 de mayo de 2010
EL DIOS AMOR IVITA AL GOZO DE SU VIDA EN COMUNIDAD
Juan 16, 12-15
“El Espíritu de la verdad los guiará hasta la verdad completa”
Luego de contemplar con toda amplitud la obra de Jesús en su misterio Pascual, que comprometió su vida por nuestra salvación hasta morir en la Cruz y nos envió su Espíritu como garante de la promesa “no os dejaré huérfanos” (Jn 14,18), colocamos hoy nuestra mirada en el misterio grandioso de la Santísima Trinidad.
De manera pedagógica, la Iglesia, Madre y Maestra, a través de la Liturgia, nos conduce a la experiencia del conocimiento de Dios desvelándonos poco a poco su proyecto de amor con la humanidad. Igualmente nos revela, de cara a la Palabra, quiénes somos nosotros, llamados también a comprometernos en ese proyecto. En un día como hoy proclamamos que la vida de la Trinidad, la intimidad del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, es la medida, la gracia y la inspiración de nuestras relaciones con Dios y entre nosotros. De alguna manera desenmascara el individualismo, la falta de solidaridad, en una palabra, el egoísmo que anida en el corazón, en nuestras familias, barrios y países.
El Evangelio de hoy comienza señalando que es el Espíritu de la verdad, el que nos guiará hasta la verdad completa. El objetivo es la verdad completa, es decir, una visión global y perfecta de la obra que Dios ha querido llevar a cabo en su fidelidad con la creación y con el pueblo, con el cual hizo una alianza eterna. Nuestra condición humana, frágil y limitada necesita la ayuda de lo alto y Jesús, en la intimidad de su relación con el Padre, desea compartir el Espíritu con nosotros porque Él: “recibirá de lo mío y os lo explicará a vosotros”. De esta manera, el creyente se hace partícipe de la intimidad de Dios y está llamado a realizar las obras de Dios. La comunidad de los discípulos de Jesús queda envuelta en la fuerza y la intensidad del amor que es propio de Dios.
El amor de la Trinidad no es un misterio que se agota en sí mismo, sino que se impregna en nosotros. Esto es tan claro que San Pablo saludaba a la Comunidad de los Corintios, quizá la más complicada en materia de relaciones comunitarias, con una frase que recordaba lo esencial de la fe cristiana y el estilo de vida que debía caracterizar todas sus relaciones. “La gracia del Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo sean con todos Ustedes” (2 Cor 13,13). Lo que Pablo espera es que esta comunidad sea un signo viviente del amor: “sed perfectos, animaos, tened un mismo sentir y vivid en paz, y el Dios del amor y de la paz, estará con vosotros” (2 Cor 13,11)
A una sociedad como la nuestra, que ha alcanzado altos niveles de comunicación global a través de la informática pero que al mismo tiempo es desigual socialmente y que está llena de fracasos familiares, exclusión de los pobres, y profundas soledades de muchas personas de nuestro tiempo, ¿Qué tendrá entonces que decirle esta solemnidad de la Santísima Trinidad? En nuestros pueblos, en su mayoría creyentes, ¿Vivimos el amor de la Trinidad? Frente a los proyectos de muerte instaurados por los modelos económicos de nuestros países, el anuncio de un Dios amor que unifica, que comparte todo, que envía y que salva, contradice el estilo de vida individualista de una sociedad de masas, pero sin comunión de amor. ¿Qué hacemos nosotros, los cristianos, para que en los medios donde vivimos, se haga visible el amor de Dios Trinidad?
¡Que María, la virgen que experimentó hondamente el misterio de la Trinidad como Hija amada del Padre, madre del Hijo y esposa del Espíritu Santo, y supo compartirlo de modo especial en la visita a su prima Isabel, cuyo acontecimiento celebramos mañana 31 de Mayo, inspire nuestra relación profunda con Dios y con los Pobres, los dos amores de nuestra vida!
¡Oh mi Dios! Que cada minuto de mi vida me sumerja en la hondura de tu amor, para revelarlo al mundo, con las obras de la verdad y la pasión por la humanidad.
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