Lucas 18, 1-8 (20 octubre Domingo 29 del TO Ciclo C Verde)El evangelio de hoy además de tratar el tema de la oración perseverante del discípulo habla también acerca de la Idfentidad y la Esencia del SER del cristiano.
Lucas 18, 1-8 (20 octubre Domingo 29 del TO Ciclo C Verde)Jesús le dice a la gente que caminaba con Él: “Si alguno quiere venir a mí y no se desprende de su padre y madre, de su mujer e hijos, de sus hermanos y hermanas, e incluso de su propia persona, no puede ser discípulo mío. El que no carga con su propia cruz para seguirme luego, no puede ser discípulo mío”.
Sin duda alguna, seguir a Jesús es algo muy exigente. Jesús no está en ningún momento menospreciando, denigrando o anulando a la familia. Lo que Jesús hace es criticar fuertemente las bases de la familia, para determinar que clase de familia es la que está construyendo y sosteniendo toda la sociedad injusta del mundo, y específicamente de nuestros pueblos. Es común ver comunidades enteras, pueblos y naciones que se destruyen por prejuicios de todo tipo: intolerancia, discriminación, ansias de poder, prestigio y dinero, etc. Jesús pone en conflicto a sus discípulos no ante la familia, sino contra todos los anti-valores que son opuestos a los valores del Reino de Dios y que, por lo general, nacen, crecen, se multiplican y fortalecen en el seno familiar, y el único lugar donde pueden morir es en la familia misma.
¿Qué clase de valores se generan en tu familia? ¿Qué le diría hoy, Jesús, a tu familia? ¿Está tu familia en busca de poder, prestigio, dinero, oprimiendo, marginando, siendo indiferente con la gente que sufre?
Luego, Jesús habla de cargar con la propia cruz para después seguirle. Muchas veces, la idea que tenemos de la cruz de Jesús es ésta y creemos que lo que tenemos que hacer es resignarnos, cruzarnos de brazos y esperar a que la injusticia nos acabe y haga lo que quiera con nuestras vidas. La cruz de Jesús consistió en recibir la condena y el rechazo por parte de todos los grupos de poder y autoridad de aquel tiempo, sobre todo, las autoridades políticas y religiosas. En los Evangelios, está claro que “Jesús no sufrió la cruz porque Él quiso mortificarse, sino porque habló y actúo de tal manera que su vida terminó como tenía que terminar un hombre que habla y actúa con la libertad que habló y actuó Jesús.
No puede ser discípula de Jesús, aquella persona que está condicionada por los prejuicios familiares, religiosos, sociales, económicos, etc. Es una situación que exige todo de la persona no sólo un poco o una parte de nuestra vida. No nos pide limosnas u ofendas, asistencia a misa los domingos, comulgar y confesarse. Eso es secundario para el verdadero seguimiento. Lo primero y fundamental es renunciar a sí mismo, es decir, cuando la persona se ha librado de su propio interés, de su propio egoísmo, de su propia comodidad, de todo lo que puede atarle e impedirle seguir a Jesús.
Sólo viviendo desde la libertad, una persona es capaz de seguir a Jesús, pues esto le dará la disponibilidad para poder concretar su compromiso bautismal, en bien de la humanidad, y llegar hasta donde sea necesario, hasta la misma muerte.
Esta libertad prepara a la persona para luchar y enfrentarse a todas las fuerzas del anti-Reino: injusticia, corrupción, marginación, opresión, mentira, etc. Es como ese ejército que no es ingenuo ante la fuerza y el poder del ejército contrario. Se trata de ser conciente que el mal tiene poder y por lo tanto se debe estar preparado para enfrentarse a el. Por ello, los requisitos para seguir a Jesús, para ser discípulos y discípulas, son renunciar a todo, incluso a sí mismo, y luego cargar con la propia cruz que es el resultado de enfrentarse y entrar en conflicto con todo lo establecido que va contra Dios y su reinado.
Este Evangelio nos deja muy cuestionados, o al menos así debería ser, pues esto nos indica que la mayoría de personas que decimos ser cristianas, sólo estamos caminando con Jesús, no siguiéndole. ¿Qué me está impidiendo seguir a Jesús hoy? ¿A qué no quiero renunciar? ¿Nos estamos dejando vencer por el miedo a asumir el mismo destino de Jesús? ¿Nos da miedo la cruz? ¿Nos gusta más estar con los brazos cruzados y esperando que otras personas cambien la realidad y se comprometan desde su fe cristiana? Todas las personas mártires de nuestros pueblos nos interpelan nuestra indiferencia, mientras las grandes mayorías se están muriendo producto de la injusticia
Saludos a Guatemala, Nicaragua, Honduras y El Salvador, Panamá también en esta ola invernal que está padeciendo.
Jn 15,1-8.
Para este V Domingo de Pascua la liturgia nos propone el conocido texto de “La Vid y los Sarmientos”. En la cultura de Jesús, una comparación con la vid resultaba ser entendible para todo el mundo, es como si nosotros hiciéramos una comparación tomando como base el maíz, que en nuestra alimentación básica es casi todo.
En el texto, Jesús se proclama la vid verdadera y el Padre es proclamado como el viñador. Los seres humanos somos los sarmientos (el sarmiento es una rama que depende del tronco). Todo sarmiento que en Él no da fruto es cortado y todo el que da fruto es limpiado para que siga dando más fruto.
Hasta aquí, parece que Jesús habla a todos los seres humanos. Del versículo tres en adelante cambia de público, sus palabras van dirigidas a la comunidad de sus seguidores: “Vosotros estáis ya limpios gracias a la palabra que os he dicho”.
Los versículos 4-7 están determinados por una palabra: Permaneced. La permanencia ocurre en doble dirección, ellos en Jesús y Jesús en ellos. Si el sarmiento no permanece en la vid, no puede dar fruto por sí mismo, separado de Jesús nada puede hacer. El que no permanece en Jesús es arrojado fuera, ese sarmiento se seca, luego se echa al fuego y arde. La permanencia en Jesús asegura el seguimiento.
El versículo 8 sella el texto magistralmente, la gloria del Padre está en que la comunidad dé mucho fruto y que sus miembros sean discípulos de Jesús. Esto último, lleva a grado pleno la alegoría o parábola de la vid y los sarmientos, descubre todo su significado: ser sarmiento es ser discípulo, es estar en Jesús.
De cara a nuestra realidad, este texto nos hace una pregunta elemental: ¿Pertenezco a esa vid (Jesús) y al viñador (El Padre)?
Este texto nos invita a abandonar todo tipo de mesianismo (es decir, el creernos salvadores del mundo) en nuestra praxis cristiana, ya que el sarmiento por sí solo nada puede hacer. Por el contrario, nos pide que nos unamos más a Cristo – como decía San Vicente de Paúl- hasta llegar a experimentar en nuestra vida los mismos sentimientos que Él, debemos ponernos a actuar antes que a enseñar.
El texto es insistente en la temática del discipulado, todos somos alumnos de Jesús, estamos inmersos en un bello proceso de configuración con su persona y con su proyecto: El Reino de Dios. Dicha insistencia en el discipulado es una invitación clara al seguimiento de Jesús y una exhortación a dar frutos: ser sensibles, amables, misericordiosos, serviciales, solidarios, alegres y atentos a la realidad del otro que sufre y llora por los dolores de la opresión.
Discipulado y seguimiento de Jesús significa no huir de las realidades que generan muerte y exclusión, por el contrario, se debe caminar en la verdad con la disposición de erradicar el pecado estructural que genera víctimas a montón en nuestras sociedades latinoamericanas.
Todo discípulo es responsable ante la realidad y para instaurar el Reino de Dios en ella debe comprometerse en la lucha por la Liberación de los oprimidos, el motor de esta liberación es Dios mismo.
El 1º de Mayo se celebró el Día Internacional del Trabajo en Latinoamérica y en todo el mundo. Fue un día hermoso donde los trabajadores expresaron su derecho a disfrutar de los bienes de la tierra, que se encuentran por hoy en manos de unos pocos. Se puede constatar que los asesinatos a los sindicalistas continúan en todo el continente, que ahora hay más desempleados que hace diez años y que los subempleados son muchos, a quienes encontramos en las aceras vendiendo dulces, tamales, postres; estas personas carecen de seguridad social, de incentivos, de salario digno. Los generadores de este sistema de muerte son sarmientos que no dan fruto en Jesús, de no convertirse están condenados a ser echados al fuego y arder. Ante la realidad triste del empleo en Latinoamérica se puede asegurar que ¡Falta mucho por construir el Reino de Dios, nuestro edificio apenas tiene las bases! ¡No podemos dormirnos, no podemos ver como positiva la injusticia estructural en que vivimos!
Por otra parte, este fin de semana se celebra en muchos países de Latinoamérica el día de la madre. Ésta es una celebración hipócrita y superficial, ya que son las madres, en especial las madres solteras, quienes son víctimas de la opresión de este sistema que las endiosa un día y en lo restante del año las trata como animales de carga y las ve como objetos sexuales.
No nos cabe duda de que la Liberación de los oprimidos pasa por la Liberación de la Mujer. Se deben romper los paradigmas de la desigualdad de género, se debe pagar lo mismo a hombres y mujeres, se debe eliminar la óptica errónea que ve a la mujer como objeto sexual. Alabamos la valentía, la entrega y el amor fiel de muchas madres que desgastan su vida construyendo la felicidad de otros, ellas son quienes mejor nos revelan la gratuidad y misericordia de Dios.
Finalmente, permanecer en la vid es estar en Jesús y seguirle, construyendo el Reino de Dios desde los caminos de la No Violencia, quienes lo han hecho: Monseñor Oscar A. Romero, Monseñor Juan Gerardi, Rutilio Grande, Martín Luther King, Jon Cortina, San Vicente de Paúl, San Francisco Régis Clet, Madre Teresa de Calcuta y otros más, no han quedado defraudados.
¡Vamos, Latinoamérica está hambrienta del fruto que daremos!