Este propiamente no sería un comentario como los solemos hacer, sino que es un acapite tomado del Catecismo de la Iglesia en su primera parte para hacer un llamado a nuestros pueblos de América y del mundo crucificados por los politiqueros ladrones, ratas, corruptos,clientelistas, traficantes de influencias; crucificados por las multinacionales de alimentos, mineras, energéticas explotadoras de los recursos y contaminadoras del medio ambiente que nos queda porque ya el otro está destruído, pueblos crucificados por la mala educación que traen desde la ONU para nuestros pueblos para sumirlos en la miseria, en la pobreza y explotaión para que sigan siendo borregos y bestias para continuar su saqueo y su robo y la gente siga siendo sus bobos que sostengan la falsa democracia cuando o que hay es una plutocracia y una oligarquía... pueblos del mundo resuciten en Cristo, no tengan miedo de vivir y proclamar su FE a eso nos llaman las lecturas de hoy, a tener una gran confianza en Cristo, algunos serán mártires, pero recuerden la sangre de los mártires es semilla de nuevos cristianos, estamos contigo Papa Francisco a pesar de que los de la tradición te persigan y que los liberales te alaben, a pesar de todo, sigue adelante llamando a la unidad y a la conversión al evangelio de Cristo.
988 El Credo cristiano —profesión de nuestra fe en Dios
Padre, Hijo y Espíritu Santo, y en su acción creadora, salvadora y
santificadora— culmina en la proclamación de la resurrección de los muertos al
fin de los tiempos, y en la vida eterna.
989 Creemos firmemente, y así lo esperamos, que del mismo
modo que Cristo ha resucitado verdaderamente de entre los muertos, y que vive
para siempre, igualmente los justos después de su muerte vivirán para siempre
con Cristo resucitado y que Él los resucitará en el último día (cf. Jn 6,
39-40). Como la suya, nuestra resurrección será obra de la Santísima Trinidad:
«Si el Espíritu de Aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, Aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos dará también la vida a vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que habita en vosotros (Rm 8, 11; cf. 1 Ts 4, 14; 1 Co 6, 14; 2 Co 4, 14; Flp 3, 10-11).
990 El término "carne" designa al hombre en su condición de
debilidad y de mortalidad (cf. Gn 6, 3; Sal 56, 5; Is 40,
6). La "resurrección de la carne" significa que, después de la muerte, no habrá
solamente vida del alma inmortal, sino que también nuestros "cuerpos mortales" (Rm
8, 11) volverán a tener vida.
991 Creer en la resurrección de los muertos ha sido desde
sus comienzos un elemento esencial de la fe cristiana. "La resurrección de los
muertos es esperanza de los cristianos; somos cristianos por creer en ella"
(Tertuliano, De resurrectione mortuorum 1, 1):
«¿Cómo andan diciendo algunos entre vosotros que no hay resurrección de muertos? Si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó. Y si no resucitó Cristo, vana es nuestra predicación, vana también vuestra fe [...] ¡Pero no! Cristo resucitó de entre los muertos como primicias de los que durmieron» (1 Co 15, 12-14. 20).
La Resurrección de Cristo y la nuestra
992 La resurrección de los muertos fue revelada
progresivamente por Dios a su Pueblo. La esperanza en la resurrección corporal
de los muertos se impuso como una consecuencia intrínseca de la fe en un Dios
creador del hombre todo entero, alma y cuerpo. El creador del cielo y de la
tierra es también Aquél que mantiene fielmente su Alianza con Abraham y su
descendencia. En esta doble perspectiva comienza a expresarse la fe en la
resurrección. En sus pruebas, los mártires Macabeos confiesan:
«El Rey del mundo, a nosotros que morimos por sus leyes, nos resucitará a una vida eterna» (2 M 7, 9). «Es preferible morir a manos de los hombres con la esperanza que Dios otorga de ser resucitados de nuevo por él» (2 M 7, 14; cf. 2 M 7, 29; Dn 12, 1-13).
993 Los fariseos (cf. Hch 23, 6) y muchos contemporáneos del Señor
(cf. Jn 11, 24) esperaban la resurrección. Jesús la enseña firmemente. A
los saduceos que la niegan responde: "Vosotros no conocéis ni las Escrituras ni
el poder de Dios, vosotros estáis en el error" (Mc 12, 24). La fe en la
resurrección descansa en la fe en Dios que "no es un Dios de muertos sino de
vivos" (Mc 12, 27).
994 Pero hay más: Jesús liga la fe en la resurrección a la fe en su
propia persona: "Yo soy la resurrección y la vida" (Jn 11, 25). Es el
mismo Jesús el que resucitará en el último día a quienes hayan creído en Él (cf.
Jn 5, 24-25; 6, 40) y hayan comido su cuerpo y bebido su sangre (cf.
Jn 6, 54). En su vida pública ofrece ya un signo y una prenda de la
resurrección devolviendo la vida a algunos muertos (cf. Mc 5, 21-42;
Lc 7, 11-17; Jn 11), anunciando así su propia Resurrección que, no
obstante, será de otro orden. De este acontecimiento único, Él habla como del
"signo de Jonás" (Mt 12, 39), del signo del Templo (cf. Jn 2,
19-22): anuncia su Resurrección al tercer día después de su muerte (cf. Mc
10, 34).
995 Ser testigo de Cristo es ser "testigo de su Resurrección" (Hch 1, 22;
cf. 4, 33), "haber comido y bebido con él después de su Resurrección de entre
los muertos" (Hch 10, 41). La esperanza cristiana en la resurrección está
totalmente marcada por los encuentros con Cristo resucitado. Nosotros
resucitaremos como Él, con Él, por Él.
996 Desde el principio, la fe cristiana en la resurrección ha encontrado
incomprensiones y oposiciones (cf. Hch 17, 32; 1 Co 15, 12-13). "En ningún punto
la fe cristiana encuentra más contradicción que en la resurrección de la carne"
(San Agustín, Enarratio in Psalmum 88, 2, 5). Se acepta muy comúnmente que, después de la
muerte, la vida de la persona humana continúa de una forma espiritual. Pero
¿cómo creer que este cuerpo tan manifiestamente mortal pueda resucitar a la vida
eterna?
Cómo resucitan los muertos
997 ¿Qué es resucitar? En la muerte, separación del alma y el
cuerpo, el cuerpo del hombre cae en la corrupción, mientras que su alma va al
encuentro con Dios, en espera de reunirse con su cuerpo glorificado. Dios en su
omnipotencia dará definitivamente a nuestros cuerpos la vida incorruptible
uniéndolos a nuestras almas, por la virtud de la Resurrección de Jesús.
998 ¿Quién resucitará? Todos los hombres que han muerto: "los que
hayan hecho el bien resucitarán para la vida, y los que hayan hecho el mal, para
la condenación" (Jn 5, 29; cf. Dn 12, 2).
999 ¿Cómo? Cristo resucitó con su propio cuerpo: "Mirad mis manos
y mis pies; soy yo mismo" (Lc 24, 39); pero Él no volvió a una vida terrenal.
Del mismo modo, en Él "todos resucitarán con su propio cuerpo, del que ahora
están revestidos"
(Concilio de Letrán IV: DS 801), pero este cuerpo será "transfigurado en cuerpo de
gloria" (Flp 3, 21), en "cuerpo espiritual" (1 Co 15, 44):
«Pero dirá alguno: ¿cómo resucitan los muertos? ¿Con qué cuerpo vuelven a la vida? ¡Necio! Lo que tú siembras no revive si no muere. Y lo que tú siembras no es el cuerpo que va a brotar, sino un simple grano..., se siembra corrupción, resucita incorrupción [...]; los muertos resucitarán incorruptibles. En efecto, es necesario que este ser corruptible se revista de incorruptibilidad; y que este ser mortal se revista de inmortalidad (1 Cor 15,35-37. 42. 53).
1000 Este "cómo ocurrirá la resurrección" sobrepasa nuestra imaginación y nuestro entendimiento;
no es accesible más que en la fe. Pero nuestra participación en la Eucaristía
nos da ya un anticipo de la transfiguración de nuestro cuerpo por Cristo:
«Así como el pan que viene de la tierra, después de haber recibido la invocación de Dios, ya no es pan ordinario, sino Eucaristía, constituida por dos cosas, una terrena y otra celestial, así nuestros cuerpos que participan en la eucaristía ya no son corruptibles, ya que tienen la esperanza de la resurrección» (San Ireneo de Lyon, Adversus haereses, 4, 18, 4-5).
1001 ¿Cuándo? Sin duda en el "último día" (Jn 6, 39-40. 44. 54;
11, 24); "al fin del mundo" (LG 48). En efecto, la resurrección de los muertos
está íntimamente asociada a la Parusía de Cristo:
«El Señor mismo, a la orden dada por la voz de un arcángel y por la trompeta de Dios, bajará del cielo, y los que murieron en Cristo resucitarán en primer lugar» (1 Ts 4, 16).
Resucitados con Cristo
1002 Si es verdad que Cristo nos resucitará en "el último día", también
lo es, en cierto modo, que nosotros ya hemos resucitado con Cristo. En efecto,
gracias al Espíritu Santo, la vida cristiana en la tierra es, desde ahora, una
participación en la muerte y en la Resurrección de Cristo:
«Sepultados con él en elBbautismo, con él también habéis resucitado por la fe en la acción de Dios, que le resucitó de entre los muertos [...] Así pues, si habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios» (Col 2, 12; 3, 1).
1003 Unidos a Cristo por el Bautismo, los creyentes participan ya
realmente en la vida celestial de Cristo resucitado (cf. Flp 3, 20), pero esta
vida permanece "escondida [...] con Cristo en Dios" (Col 3, 3) "Con
él nos ha
resucitado y hecho sentar en los cielos con Cristo Jesús" (Ef 2, 6). Alimentados
en la Eucaristía con su Cuerpo, nosotros pertenecemos ya al Cuerpo de Cristo.
Cuando resucitemos en el último día también nos "manifestaremos con él llenos de
gloria" (Col 3, 4).
1004 Esperando este día, el cuerpo y el alma del creyente participan ya
de la dignidad de ser "en Cristo"; donde se basa la exigencia del respeto hacia
el propio cuerpo, y también hacia el ajeno, particularmente cuando sufre:
«El cuerpo es [...] para el Señor y el Señor para el cuerpo. Y Dios, que resucitó al Señor, nos resucitará también a nosotros mediante su poder. ¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? [...] No os pertenecéis [...] Glorificad, por tanto, a Dios en vuestro cuerpo» (1 Co 6, 13-15. 19-20).